Palo Pandolfo pasó por Olavarría, Azul y Tandil para desparramar un puñado de canciones de su riquísimo cancionero. En las tres ciudades ofreció conciertos parecidos pero con particularidades propias.
Entre la planicie y las sierras del centro de la provincia de Buenos Aires se consumaron los tres conciertos que ofreció Palo Pandolfo a lo largo del jueves, viernes y sábado de la semana pasada. El transcurso del fin de semana largo propuso tres presentaciones con características particulares, lo que generó que ninguno de los conciertos haya sido igual a los otros, más allá de que el eje de las presentaciones fueron las canciones de Ritual criollo (2008) último disco editado por el ex líder de Don Cornelio & la Zona y Los Visitantes.El inicio de la travesía musical tuvo lugar en La Gaviota, bar olavarriense histórico cuasi centenario y de profunda atmósfera nocturna. En ese sitio el concierto se inició a la 1 con una brevísima pasada por el pseudoescenario del cantautor azuleño Gastón Torrens quién fue acompañado por la guitarra del Negro Zelaye. Su actuación estuvo conformada por dos canciones, "Semilla" y el mini hit "Te zarpás", que generaron una ovación rotunda. Después llegó el turno de Orquesta Muyinga: el sexteto ofreció un repaso por su repertorio de folclores del mundo en los que todos los integrantes se lucieron en su justa medida.
El concierto de Pandolfo en Olavarría se inició con "Oficio de cantor" y también incluyó otras gemas recientes como "Amor", "Canción cántaro", "El grito del chimango", "Chicas alegría", "Turbias golondrinas", "Argentina 2002" y "Siete vidas". Estas canciones serían el corpus central de las siguientes dos presentaciones, y llamó la atención que en ninguno de los tres conciertos tocó la canción con más aspecto de hit de Ritual, la cumbia testimonial "Río Reconquista". Entre los mejores momentos de esa noche quedaron "Karma policía", "Cenizas y diamantes", la instropección de "A través de los sueños" y el final con "Playas oscuras", "Estaré", "Tapa de los sesos" y otras joyas de la época de los Visitantes. Muchas de estas canciones fueron interpretadas con la percusión de Fabián Massolo, percusionista de Orquesta Muyinga.
En Azul el recital tuvo lugar en el Espacio Cultural La Criba, una sala pequeña pero de correcta distribución de los espacios que lució completa (al igual que la sala de la noche anterior). El escenario se abrió con la presencia de Gabriel Goyeneche, quién volvía a tocar en público después de una ausencia de más de un año. El cantautor repasó algunas canciones nuevas, algún tango, un tema de Moris ("Pato trabaja en una carnicería") y otra composición añeja de Charly García. Después Torrens y Zelaye volvieron a presentar el miniset con "Semilla" y "Te zarpás". En Azul Palo empezó su concierto con "Siete vidas" (canción que interpretó las tres veces que tocó en Azul), y entre las más recordadas quedaron "Sangre", "Sapo sapo" y "Ella vendrá".
El cierre de la gira fue el punto cúlmine: un público afectuoso recibió a Pandolfo con una calidez inusitada. La sala principal y el living de la casa restaurant La Realidad tenía todas sus ubicaciones ocupadas.


El encargado de enfrentar a la audiencia, en primer término, fue Berna, cantante de Los de antes, que cosechó merecidos aplausos con tres canciones suaves interpretadas con la única compañía que su guitarra acústica. Luego Pandolfo apareció desde una puerta que daba a la ventana (gesto surrealista: pareció que entró volando como Mary Poppins). Y el desarrollo de su concierto fue tan intenso como la atención y el cariño que le propició el público. Entre los temas más festejados de la noche estuvieron "La búsqueda de la estrella" (de Luis Alberto Spinetta), "Karma policía", "Playas oscuras" y una insólita versión de "Sucio y desprolijo" ("algo que Palo sólo hace cuando se siente en éxtasis" aseguro alguien que lo conoce hace mucho).
Durante la gira además se presentaron dos canciones nuevas que integrarán el próximo disco de Pandolfo: "Milonguita" y "La misma suerte", ambas muy bien recibidas por el público. En resumidas cuentas más de doscientos cincuenta personas fueron testigos del encuentro de Roberto Andrés Pandolfo con la guitarra. Y todas gozaron.
Fotos y Nota: Matias Pelufo

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