Uno puede dar un paseo por las sierras bonaerenses y, sin saberlo, hundir un pisotón en el origen mismo de la vida. Es normal pasar inadvertido junto a una roca que puede contener en su interior la explicación sobre la formación de los continentes. Así de simple y trascendental.
Las Sierras de Tandilia esconden secretos y riquezas de millones de años que aún entregan minerales para la industria y misterios para la historia de la humanidad. Esa formación milenaria de más de 300 kilómetros, que se impone como una cicatriz en medio de la pampa, es el desvelo de varios científicos que siguen buscando respuestas en las piedras. Desde Blanca Grande, en Olavarría, hasta el Cabo Corrientes, en Mar del Plata, las sierras interrumpen la comodidad de la llanura en un viaje de descubrimientos.
La geóloga Patricia Zalba es una investigadora platense que dedicó su vida a conocer las Sierras Septentrionales o de Tandilia. Junto a sus colegas Martín Morosi y Laura Segovia, más la licenciada en química Susana Conconi, escribieron un libro que concentra más de treinta años de investigación sobre aspectos geológicos, mineralógicos, genéticos y tecnológicos de las Sierras. “Arcillas de Tandilia” se ha convertido ya en una obra fundamental y necesaria para la investigación geológica y el conocimiento científico. Días pasados fue presentada en el Auditorio de la Facultad de Ingeniería de la Unicén.
Atentos a la importancia de esta publicación, llegaron a Olavarría el presidente de la Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia (CIC), Carlos Gianella; el director del Centro de Tecnología de Recursos Minerales y Cerámicas (CETMIC), Norberto Scian; y el director de Minería de la Provincia de Buenos Aires, Ezequiel Pallejá. Junto al decano de Ingeniería, Fabián Irassar, acompañaron la presentación y alentaron compromisos conjuntos para impulsar la minería bonaerense.
En la presentación, la doctora Zalba señaló que “el libro resume todo lo que hemos aprendido en estos años de investigación, fundamentalmente sobre arcillas pero también sobre otros depósitos, porque si no es imposible tener una visión total”.
Aporte del libro“Arcillas de Tandilia” fue concebido para que pueda ser interpretado tanto por geólogos y profesionales de la temática, como por industriales, productores, artesanos. Incluye asimismo un glosario de términos científicos para que cualquiera pueda entender las cuestiones más técnicas.
El geólogo Morosi advirtió que la publicación contempla aspectos sobre la parte productiva y de explotación de las sierras. Analiza los depósitos de arcillas tan particulares en la región y sus potencialidades para el uso industrial. También aspectos científicos, ya que aporta “conocimiento de la estratigrafía completa de las sierras, con detalles de numerosos procesos sobreimpuestos que han ido modificando su naturaleza a lo largo de millones de años”, remarcó.
La licenciada Conconi, a su tiempo, reconoció que “la virtud del libro es que concentra información de otros autores, la investigación propia de nuestro grupo, y las referencias de otros trabajos científicos. Estas investigaciones no son fáciles de transmitir a los alumnos y por eso resulta una ayuda muy grande para los que se interesen por estos temas”.
Por la antigüedad y las propiedades de sus minerales, estas sierras son únicas en el mundo. Pensando en la aplicación industrial, la doctora Zalba explicó que “el basamento cristalino tiene unos 2.000 millones de años de antigüedad, y la cubierta sedimentaria, que tiene los depósitos de materiales que se utilizan en la industria de la construcción, tiene una antigüedad de más de 800 millones de años”. Entonces “es muy raro que arcillas de esta edad mantengan sus características que les permitan ser utilizadas en la industria, es casi imposible que suceda esto. Bueno, acá sucede. Y a pesar de todos los procesos geológicos la calidad es muy grande”, reconoció.
La vida de antesPara estudiar las sierras los científicos tienen una contra importante. Cuando se separaron los continentes, en el periodo jurásico, hace 183 millones de años, quedó apenas un resabio de esa cuenca en la provincia de Buenos Aires. El resto está en África. “Es como haber perdido un 90% de las piezas de un rompecabezas y con el otro 10% tener que armar toda la historia. Eso es un poco con lo que nos encontramos nosotros”, graficó Zalba.
El paisaje, hace millones de años, era bien distinto. “Seguramente había montañas de una altitud impensable, de miles de metros”, se animó la geóloga. Morosi, en tanto, afirmó que “esta parte del continente estaba bajo el agua para el periodo jurásico. Tenemos que pensar en un ambiente marino donde se han encontrado estructuras generadas por organismos que son los primeros que han habitado la Tierra, y que por así decirlo han abierto la llave para que pueda existir otra vida realizando el proceso de fotosíntesis”. Se trata de algas estromatolíticas, unos organismos de alrededor de 900 millones de años que se han encontrado en las dolomías de Sierras Bayas, y que han sido capaces de dar el paso fundamental para la existencia.
Como una absurda burla del destino, cualquiera puede caminar hoy por alguna cantera de Sierras Bayas, Tandil, o Barker y pisar, involuntaria e ingenuamente, el origen de la vida.
Si bien no figura en el libro, la doctora Zalba reconoce que se necesitan apoyos para hacer planteos de preservación, por la importancia que significa para el patrimonio de la humanidad.
“Este estudio no termina nunca”, admitió la geóloga Zalba. “Las Sierras son tan importantes y tan complejas que es un comienzo lo que nosotros sabemos, y eso que le hemos dedicado la vida. Por eso queremos que los jóvenes tomen la posta, sigan, y que realmente sirva para algo las discusiones que hemos tenido y poder seguir adelante con nuevas teorías y nuevos descubrimientos”, subrayó.