Vanesa, la peluquera que todos los lunes desborda solidaridad

El destino la situó cuando apenas tenía 10 años en una situación extrema vulnerabilidad en la que debió sobrevivir. Mas el ahínco y las ganas de progresar la tienen hoy al frente de su escuela de peluqueria. Con bienestar, y en familia, Vanesa Díaz no se olvida de las faltas sufridas y una vez por mes va al playón deportivo de Irak y Molina a recortar el pelo gratis a los vecinos de La Cerámica. “No hay que olvidarse de donde viene cada uno. Y hay que agradecer a la vida y a Dios”, resume la emprendedora de 36 años. Agradece y ayuda a pequeños y adultos pero solo pide una cosa: un espacio en la vecinal para continuar con su acción solidaria.
Vanesa es un caso de superación. Tuvo una niñez difícil y marcada por las ausencias. Aprendió a rebuscárselas en la hostilidad y su fortaleza la empujó a prosperar.

El día de hoy, a sus treinta y seis años, y con tres hijos, su escuela de peluquería en Salvat al 1800 (Lomas de Alberdi) es un caso tangible de su superación. Mas no se quedó sólo con su logro personal sino que la solidaridad le corre por las venas.

Hace dos años, sus pupilos le pedían más práctica. De esta forma los llevó a diferentes instituciones beneficiosas a realizar cortes, hasta que fue a Villa La Porcelana con pupilos y ex alumnos a cortarles sin coste el pelo a quienes se arrimaban al playón al aire libre.

La cita es por Facebook y ya prácticamente todos saben que tienen que traer sillas y alargadores para empalmar una cuadra de cables hasta el enchufe de un vecino solidario. El resto corre por cuenta del conjunto de entre 15 a veinte estilistas: secadores para el cabello, tijeras, máquinas de rasurar y toallas.

Un lugarcito

“El problema es cuando llovizna o el sol está bien arriba. No tenemos espacio, de ahí que pensamos que un lugarcito en la vecinal vendría bien así estamos protegidos y no tan expuestos a la falta de seguridad”, afirma Vanesa, aunque confiesa que los pibes del barrio los cuidan a todos y jamás les pasó nada.

Conmovida

Cada lunes solidario se hacen unos veinticinco cortes gratuitos. “Los chicos se van felices, es lindísima la experiencia”, comenta la peluquera y recuerda una anécdota que la dejó marcada: “Una mamá me decía que a su hijo le pase la máquina al ras, a nivel uno en toda la cabellera porque después no podía abonar un corte y deseaba que le dure lo máximo posible. Mas el nene le pedía adelante mío «dejame un cortecito bonito má». Me conmovió la situación”.

A pulmón

Para ella, hay en su recorrido un toque de divinidad. “Merced a Dios mi vida cambió plenamente. Hoy tengo casa, familia, una escuela hermosa, hijos que son una maravilla. Empecé de abajo y veo en esto una forma de dar las gracias y poder dar al resto. Es algo que lo llevo muy adentro, por el hecho de que creo que todos podemos mejorar y salir adelante”, comenta a LaCapital .

A sus pupilos, aparte de cómo cortar el pelo les enseña una frase: “No hay que creerse el mejor ni el peor, sólo ser humilde”. Y sabe que sin el grupo de cooperadores no podría efectuar su movida solidaria.

“Sin ellos no podría. Recibo a todos sin condicionamientos. Que ellos puedan salir y trabajar. Les cuento mi historia y mi experiencia a fin de que comprendan que todos tenemos exactamente las mismas posibilidades de mejorar”, afirma.

Los lunes de descanso los alterna entre la familia y la labor social. “Ojalá se pueda ir varias veces al mes”, afirma para recalcar la necesidad de un espacio en la vecinal del distrito.

“Tengo que darle las gracias a la vida y una forma es ver la felicidad en la cara de los pibes y que los pupilos puedan mejorar”, apunta y su voz se le llena de alegría.

2 meses ago

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