Así ha cambiado Instagram la industria de la moda

Instagram ha alterado claramente nuestra forma de ver el planeta y consumir el contenido que este nos ofrece como carteras por ejemplo. Es un hecho ya difícilmente cuestionable: las redes sociales no han matado a las cabeceras estrella de los medios (por el momento, ups) mas indudablemente ya comparten algunos espacios. El día de hoy las marcas, los diseñadores y las celebridades desean estar en los 2 frentes, es de esta forma. Una de las razones esenciales pasa por la apertura que estas nuevas vías de comunicación han generado. Contaba Eva Chen, directiva de colaboraciones de tendencia de Instagram, a Vogue España que hay 2 importantes cambios en todo este proceso. El primero es que “la cortina de terciopelo y la mentalidad de ‘no te puedes sentar con nosotros’ ha sido eliminada del planeta de la moda”. El segundo es que las redes favorecen “un nuevo nivel de trasparencia y expectativa”. Más democracia, más visión, más crítica.

Uno de los ejemplos más claros de esta nueva era de la comunicación de tendencia es la cuenta de Instagram Diet Prada, un interesante contenedor de revelaciones, críticas y debates que afectan a todo y a todos. Desde el anonimato, la cuenta destapaba plagios, inspiraciones inciertas, malas prácticas en la industria, casos discutidos o bien, de manera directa, acciones controvertibles. Ya antes de ellos ya había decenas y decenas de ejemplos en Instagram, de ‘esta marca ha copiado el gabán a esta otra’, mas acá el paso era mayor y más trascendental. Por el hecho de que daban datos, detalles y razones; por el hecho de que trataban además de esto inconvenientes como el sexismo y la carencia de diversidad en la industria; por el hecho de que no vacilaban en cuestionar a todas y cada una de las marcas y empresas, sin importar lo más mínimo lo grandes que fuesen. Fue un éxito: prácticamente quinientos seguidores y entre ellos todos (mas todos) los nombres esenciales del mundo, de Kim Jones a Gigi Hadid pasando por Edward Enninful, todas luciendo hermosas carteras de cuero.

En Vogue España fuimos de los primeros en charlar con los aún anónimos responsables de Diet Prada, coincidiendo con una especie de campaña de trasparencia que organizaron al lado de Gucci. Mas ya no son anónimos, puesto que terminan de dar la cara en el portal The Business of Fashion. Tony Liu y Lindsey Schuyler son los nombres tras el fenómeno, los dos vinculados al planeta de la moda y que, aseveran, empezaron todo esto por pura diversión. El día de hoy, y esta es otra de las consecuencias del impacto de las redes sociales, lo han transformado en un negocio. Esa es la razón de que den la cara: conforme explican en la entrevista que les desvela, desean hacer de esto un negocio y con nombres y apellidos todo es más fácil.

La realidad es que el mes pasado de octubre, el portal The Fashion Law destapó los nombres reales de Diet Prada… si bien sin el permiso de ellos mismos. Esta web, que acostumbra a tratar polémicas legales en la industria, cuestionaba las revelaciones de los chicos de Instagram por el hecho de que trataban como ‘copias’ algo que verdaderamente no lo son, en tanto que en para moda es prácticamente imposible patentar las creaciones. Hubo lío y tanto Liu como Schuyler solicitaron que se retirara la información. El día de hoy, en cambio, son los que salen de su guarida digital, dejando claro que la industria cambia y adaptándose tanto como puede a esta nueva realidad de redes sociales, imágenes y también información libre. El negocio, a propósito, ya está en marcha pues aparte de las colaboraciones con marcas tienen línea de merchandising propio. Puro siglo veintiuno.uno

Mas alén de si terminan siendo una compañía o bien no, la verdad es que han dado un esencial paso para comprender esta nueva era de la moda, una industria que ahora semeja como la casa de Gran Hermano, llena de cámaras y de críticas. Y eso es bueno. Desde Diet Prada han cuestionado a grandes diseñadores sus actitudes y declaraciones (se pelearon, verbalmente, con Stefano Gabbana), han protegido los intereses de pequeños diseñadores que ven como sus creaciones aparecen en marcas poderosas sin ni tan siquiera enterarse y, aún, más esencial, han protegido claramente causas como las demandas a Harwey Weinstein, Terry Richardson o bien Bruce Weber. Un ejercicio, prácticamente, de control que es posible que la industria sí necesitara.

El día de hoy el portal ha pasado de la exposición pública de estas copias a ser un generador de contenidos diversos: gracietas privadas de tendencia, ejercicios de historia de la moda, defensa de diseñadores emergentes… Por servirnos de un ejemplo, no hace mucho denunciaron un bolso-bolsa de basura de Masion Margiela sospechosamente semejante a uno precedente de la marca de España Biis. Asimismo unos pendientes. ¿Un ejercicio de justicia poética? Verdaderamente la trascendencia es mayor y diferente: ponen las cartas encima de la mesa a fin de que, después, el consumidor pueda decidir exactamente en qué diseño está invirtiendo y exactamente en qué género de moda cree. Esa es la enorme revolución de Instagram: la moda enseña sus supones y se muestra más humana, menos blindada, más frágil.

¿Se han dado cuenta asimismo las marcas? Semeja que ciertas sí. Los chicos de Diet Prada aseguraron a Vogue España que reconocer “la ‘nueva crítica’ que representamos es algo muy moderno y un movimiento renovador”. Gucci fue “la primera marca de mucho lujo en hacerlo”, dejándoles refererir todas y cada una de las referencias de sus desfiles y facilitándoles información. “En vez de procurar callarnos, nos han abrazado”, afirmaban asimismo, haciendo referencia además de esto al cambio en el signo de los tiempos: “Justo lo opuesto que el drama entre Hedi Slimane y la cronista Cathy Horyn cuando en dos mil doce, el diseñador la vedó tras una mala crítica de su trabajo, que a nuestro enteder fue algo que llegó demasiado lejos”.

“¡Es fundamental refererir tus referencias si claramente te han inspirado!”, nos confesaban además de esto. En eso consiste todo: que la inspiración sea un acto de homenaje y no un vehículo para lograr hacer fuegos nuevos con leña vieja. Solo nos queda hacernos una pregunta más. ¿Estamos frente a un cambio terminante de paradigma o bien hacerse conocer es el principio del fin de esta nueva forma de hacer las cosas? ¿Recuerdan cuando los bloggers terminaron fichando por los medios usuales a fin de que nada cambiara demasiado? Vamos a ver.

7 meses ago

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